Obesidad y dislipidemia

En la actualidad es innegable que la obesidad y el sobrepeso, representan un grave problema de salud a nivel mundial. Consideremos tan sólo que existen más de mil millones de personas con sobrepeso en el mundo y al menos 300 millones con obesidad, todo esto resultado de que las tasas de obesidad se han triplicado en algunas partes del mundo (Estados Unidos, China, Europa Oriental).

Si bien el exceso de peso preocupa al personal de salud, mucho más alarmante es, cuándo se acompaña de otras patologías que incrementan considerablemente los índices de mortandad, por ejemplo; cerca de 500mil personas en Estados Unidos, Canadá y Europa Oriental mueren al año por enfermedades relacionadas con la obesidad, y las predicciones para el año 2020 son de 5 millones de muertes atribuibles al sobrepeso y obesidad.

Dentro de las patologías que muchas veces van de la mano con la obesidad, se encuentran los trastornos de los lípidos, siendo más específico: hallaremos hipertrigliceridemia con valores bajos de colesterol bueno, y la modificación del tipo de colesterol malo, que es principalmente del tipo pequeña y densa (la forma más aterogénica).

Veamos algunas estadísticas con respecto a la dislipidemia. En la población general el 32% de los casos se registra en hombres y el 27% en mujeres. Es más frecuente en hombres mayores de 45 años y en mujeres mayores de 55 años.

Se estima que entre 40% y 66% de la población adulta en el mundo tiene niveles de colesterol o alguna de sus fracciones en cifras por fuera de lo deseable, lo cual significa que están en riesgo aumentado de padecer enfermedades cardiovasculares.

Las personas con valores de colesterol total superior a 265mg tienen 4 veces más riesgo de enfermedades coronarias que las personas que tienen 190mg o menos. Los enfermos con ateroesclerosis coronaria tienen en promedio un colesterol total de 225mg.

Las dislipidemias causan más de 4 millones de muertes prematuras por año, de las cuales se espera que 50% a 60% ocurran en los países en desarrollo en una década.

Todo esto viene a confirmar los resultados del estudio Framingham de finales de los 70 en dónde la obesidad y la dislipidemia son factores principales de riesgo cardiovascular.

El sujeto con sobrepeso suele tener lipólisis aumentada, es decir, que genera una sobreproducción de partículas ricas en triglicéridos (lipoproteínas de muy baja densidad) por parte del hígado. A su vez este exceso de triglicéridos se acompaña de reducción del colesterol bueno, por intercambio del contenido entre las lipoproteínas de muy baja densidad y las del colesterol bueno. Adicionalmente se cambia la constitución del colesterol malo, tornándose las lipoproteínas más pequeñas y densas. Este cambio en la constitución es importante porque las lipoproteínas del colesterol malo pueden tener diversos tamaños, y a medida que se aumenta la concentración de colesterol ésta se hace más pequeña y pesada. A esta lipoproteína se la llama pequeña y densa y está más relacionada con aterogénesis que otras partículas más grandes y boyantes.

El exceso de tejido adiposo y el efecto de los ácidos grasos libres tienen el efecto contrario al de la insulina: si bien ésta disminuye la producción de glucosa y aumenta su utilización, los ácidos grasos promueven la producción de glucosa y disminuyen o dificultan su utilización, por lo que aparece resistencia a la insulina.

Como podemos darnos cuenta en el sobrepeso y obesidad se desarrollan toda una serie de alteraciones en el metabolismo de las grasas, lo cual repercute en detrimento de la salud y por ende en disminución de las expectativas de vida en las personas.

Por todo lo arriba expuesto, es necesario que nos comprometamos a corregir las situaciones que están en nuestras manos modificar, v,gr., los estilos de vida que no sean benéficos para nuestra salud.

Apoyándonos en las recomendaciones del ATP III (Adult Treatment Panel) debemos de enfocar los esfuerzos ha mejorar nuestros hábitos alimenticios, de ejercicio y de mantener un peso corporal saludable.

DIETA Y DISLIPIDEMIA.

Existe una clara relación entre los cambios de hábitos y el aumento de riesgo cardiovascular, pero también hay una reversión del riesgo al modificar los hábitos nutricionales.

La disponibilidad de calorías per cápita cambió en las últimas 3 décadas, con aumentos promedio de 450kcal/día, pero con mayor aumento en los países en desarrollo (600kcal/día), incluida América Latina. Este cambio se asoció con mayor frecuencia de sobrepeso, de dislipidemia, hipertensión, síndrome metabólico y diabetes.

Es nuestra obligación por lo tanto, consumir las calorías necesarias de acuerdo a nuestra edad, sexo, actividad física, estado de salud y en caso de ser mujer, si se está cursando con embarazo o no.

Si tenemos problemas de exceso de eso, lo mejor es realizar dietas hipocalóricas, ya que habitualmente son hipograsas y esta reducción de las grasas saturadas produce una reducción del contenido del colesterol en las células del hígado (hepatocitos), lo cual induce una mayor expresión de receptores para el colesterol malo en su superficie.

Esta mayor cantidad de receptores o regulación al alza hace que el hepatocito tome de la sangre colesterol malo con más velocidad y cantidad, lo cual produce una reducción del colesterol malo plasmático de entre 10% y 25%.

Si además agregamos al menos 600gr diarios de frutas y vegetales a nuestra dieta se lograría reducir la carga de enfermedades cardiovasculares en 1.8% y disminuir la enfermedad coronaria en 31% y la enfermedad vascular cerebral en 19%.

El objetivo en nuestro plan de alimentación es reducir la ingesta de grasas saturadas a menos del 7% del total de calorías y de colesterol a menos de 200mg por día.

EJERCICIO Y DISLIPIDEMIA.

Cuando se hace ejercicio aeróbico regular, se facilita la corrección de la resistencia a la insulina y se reduce marcadamente la lipólisis, y el menor sustrato de ácidos grasos libres reduce la producción de lipoproteínas de muy baja densidad por parte del hígado y la producción de triglicéridos.

Una vez lograda la reducción de triglicéridos, se disminuye el intercambio entre las lipoproteínas de muy baja densidad y el colesterol bueno, lo cual redunda en disminución de los triglicéridos y la mejoría en el patrón del colesterol malo.

El ejercicio aeróbico también produce un aumento del colesterol bueno hasta del 20%, aún en personas sin sobrepeso. En el paciente con sobrepeso se encuentran múltiples efectos benéficos, no solamente desde el punto de vista metabólico sino en otros aspectos de salud física y mental.

El cambio en el colesterol bueno logrado a través del ejercicio aeróbico regular puede ser significativo, pero la latencia es prolongada, es decir, se requiere al menos de 8 semanas de ejercicio, y el efecto benéfico se pierde si se suspende.

PERDIDA DE PESO Y DISLIPIDEMIA.

Una vez tomad la decisión de bajar de peso, las acciones se deben hacer de manera responsable, sin alejarse del sentido común y sin atentar contra la salud, por lo que es necesario asesorarse con un especialista.

A parte del ejercicio, los planes de alimentación hipocalóricos son imprescindibles para poder bajar de peso, dichos planes no deben de excluir a ningún grupo específico de alimentos (carbohidratos, proteínas y grasas), para evitar cualquier tipo de descompensación. Por ejemplo, las dietas altas en carbohidratos suelen producir un aumento de los triglicéridos, mayor cuanto mayor sea el contenido de azucares simples de la dieta.

Ahora, las dietas hiperproteícas o hipergrasas se utilizan para un descenso rápido de peso principalmente a expensas de un efecto cetogénico, pero sin alteración en el perfil lipídico: quiere decir que no se produce aumento de los lípidos a pesar de la dieta hipergrasa, pero tampoco se encuentra mejoría en el perfil de los lípidos de las personas sometidas a este tipo de dietas.

Por otra parte una nutrición con niveles muy bajos de grasas, no es apropiada ni deseable y debería proponerse que se haga una reducción de las grasas saturadas y colesterol, así como un aumento de las fuentes de grasa monoinsaturada y de ácidos grasos especiales omega-3.

En fin lo que se sugiere es una pérdida de peso gradual y programada a razón de 500gr a 1kg por semana para evitar riesgos de descompensación en un futuro. Tal pérdida debe de corresponder al 75% de la masa grasa y el 25% restante a expensas de masa libre de grasa (con nuestro método la pérdida de grasa es mayor a 90%)-

Hay que recordar que por cada 3kg de peso corporal que se pierdan, aumentan los niveles de colesterol bueno a razón de 1mg/dl.

A manera de corolario: Debemos de iniciar lo más pronto posible el conjunto de cambios de estilo de vida, también llamados Cambios Terapéuticos en Estilo de Vida, independientemente del nivel de riesgo, de los niveles de presión, de los lípidos o glucosa. Todo esto con la finalidad de aumentar tanto las expectativas como la calidad de vida. Pongamos manos a la obra antes de que sea demasiado tarde, como pueden ver las estadísticas no mienten.

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