El comer impulsivamente provoca conflicto consigo mismo, lo cual causa angustia, ansiedad, depresión, alterando la vida personal y profesional del paciente.
Un conflicto emocional que no logra resolverse adecuadamente favorece la aparición de estrés. El estrés mal controlado altera la respuesta orgánica interfiriendo con la reducción de peso.
Queda a criterio del médico determinar qué paciente requiere apoyo psicológico de acuerdo al origen de su problema alimenticio